domingo, 5 de marzo de 2017

Los bebés son aburridos

Post por artista invitada, prefiere que la llamemos Ella. Debo aclarar que Ella tiene un par de esas cosas que llamamos hijos y algunos sobrinos con los que ha podido recolectar información sobre lo que escribe. Para los que habeis leído las entradas anteriores, Ella es ella, sí. Me odiará durante un ratito por haber escrito la frase anterior...pero no me he podido resistir. Tienes tu post para desahogarte, Ella.
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Cucú tras.  Y tu bebé de dos meses se echa a llorar. Tú, como supuesta mujer adulta, te sientes azorada, oh...qué le ha asustado.
Cucú tras. Tu bebé de cinco meses estira un poco la boca en lo que parece un esbozo de sonrisa. Una burbuja de baba revienta en la comisura y resbala por sus regordetas mejillas.
Cucú tras. Tu bebé de un año ríe abiertamente y te pide que lo repitas. Pero para estas alturas estás harta de hacer el bobo y repetir la dichosa frase una y otra vez. El juego no puede ser más estúpido y soso, pero algo más pasa, algo que a pesar de todos los condicionantes que te hacen pensar automáticamente en el bienestar de tu bebé, se hace patente en tu mente. Para estas alturas ya lo puedes verbalizar bien claro. Los bebés son tremendamente aburridos.  Tanto que parece que la naturaleza se ha esmerado en que alcancen esta cualidad.
Pasan de ser completamente inexpresivos y demandantes a ser chillones y demandantes. Y siempre son repetitivos.

Y dale con el cucú tras...https://norlight.wordpress.com/2012/01/


¿Pero qué esperabas?.

Tantos anuncios de productos para bebés, tantos consejos de madres entusiastas en internet, tantas visitas al ginecólogo y al pediatra no te habían preparado para entender que parece que hay una convención social en ocultar lo aburridísimos que son los bebés.
Si tu imágen del mundo de los bebés la formaron los anuncios de colonias, biberones, pañales o muñequitos de goma posiblemente creas que las rutinas con bebés incluyen un estado de casi beatífica felicidad para la madre, que flota por los distintos estados de la felicidad inalterable a caballo de las cacareadas hormonas oxitocina (la hormona del amoooor) y dopamina.

Pues no. Estas hormonas no van a evitar que te sientas agotadas cuando lo estés, que será a menudo, ni que te sientas furiosa o frustrada cuando lo estés, o que te sientas terriblemente aburrida cuando lo estés. No son elixires mágicos, no son drogas que alteren el estado de ánimo, son hormonas que surgieron para ayudar a un proceso natural en un contexto grupal tremendamente, radicalmente distinto al que tenemos hoy en día para vivir la maternidad.  Y es que el ser humano evolucionó en grupos pequeños y cohesionados en los que las madres tenían compañía y apoyo para criar a esos bebés, esos aburridísimos bebés.

Así que cuídalo con todo tu amor. Pero no te culpes por pensarlo. Son aburridísimos. No estás sola, muchas lo pensamos.

sábado, 8 de octubre de 2016

Un amor sustituye a otro

De la misma manera en que he admirado el poderoso atractivo con el que algunos escritores atormentados elegían las palabras hasta que los distintos hilos de vocablos comenzaban a unirse en torrentes que bordeaban las rocas de la desidia y lanzaban la mente a una aventura en un mar tejido al final sólo por eso, por palabras; de esa misma manera estoy sacudido por el encanto de vivir este amor junto a ella, que se compone de esos momentos que vamos entrelazando hasta formar nuestra historia. Y el poder que me une a esta pasión no es el atractivo físico o intelectual que pueda sentir, no quiero saberla siempre bella o interesante, sino la determinación inédita en mi de poder conocerla, conocer íntimamente a otro ser humano.



Pero este amor nace de una gran traición como no pudo ser de otra manera, ya que en mi naturaleza está el dedicarme con pasión a algo, a costa de olvidar mis anteriores pasiones que me absorvían tan poderosamente como ahora lo hace ésta. La olvidada fue la empresa que ahora se sostiene a costa del esfuerzo de uno de mis hijos y su socio, y realmente no pienso involucrarme a fondo en la deriva que tome, dado que no tengo la necesidad económica de hacerlo, y menos el deseo de volver a vivir mis años de gerente. La empresa fue mi gran juguete, lo asumo. Lo que me hacía sentir vivo. Pero poco a poco sentí la necesidad de romper esta vida, y cuando lo hice me di cuenta de que yo no valía para hacerlo a medias, para mantener una atenta vigilancia en la distancia o ir sólamente por las mañanas y dejar las cosas a su marcha por la tarde. Tampoco serví para asegurar el futuro de los trabajadores que me acompañaron durante años en este proyecto, y me limité a facilitarles algo la transición.

lunes, 3 de octubre de 2016

De vida y de muerte

Este diario nace de muchas pérdidas y dos ganancias.

Nace del vacío por la muerte de varias personas que marcaron mi vida. Mucho tiempo después de su ida.
Nace de la euforia del amor y del tiempo libre. Ambas cosas nuevas para mi.

Nace de haber vivido mucho tiempo y de necesitar vivir este tiempo de otra forma. No necesitais creer lo que os cuente. A veces las palabras más duras son metáforas, otras son la realidad desnuda. No necesitais creerme. Soy yo quien quiere escribir para sentir.

Algunas palabras sobre mi hermana

Mi hermana fue una enorme sorpresa. En dos familias en las que en dos generaciones no había nacido ninguna niña, vino a nacer ella. Claro, ahora os estareis preguntando que dónde nació mi madre. Resulta que es hija adoptiva, pero esa es una historia que abordaré en otro momento.

Dos abuelas que no sabían como cambiar los pañales a una niña, una madre que había perdido todo el contacto con la madre que se los había cambiado. Habreis observado que no he mencionado a ningún varón. Y la razón, obviamente, es que los hombres no se implicaban en esas cosas.

Mi hermana tuvo que enfrentarse a la ignorancia desde sus primeras horas de vida. Dice mi madre que los meses más tempranos de la niña fueron una batalla contínua de irritaciones en el pubis y el trasero, y sí, mi madre es de las que dice pubis porque aprendió a no evitar la palabra, precisamente gracias a mi hermana.

Fue una niña batalladora que en todos y cada uno de los momentos luchó por hacerse su hueco en una familia habituada a criar varones. Recuerdo que cuando tenía 5 años, y yo 12, se empeñó en que le hiciéramos un disfraz muy especial. Quería vestirse de Jueves porque era para ella el mejor día de la semana, cuando iba a jugar a casa de su amiguita por la tarde. Para sastifacer aquella ocurrencia le pusimos una capa hecha con un mantel de algodón blanco, y le dijimos que los jueves eran días blancos y ligeros como su capa. Se lo tomó al pie de la letra y se fue a saltar encima de su cama para ver cómo se agitaba su disfraz improvisado, con la mala suerte de que cayó de costado y se rompió el brazo derecho. Después de hacerle la cura y ponerle el yeso preguntó que qué día era. Miércoles. Qué bien, puedo seguir amando los jueves, dijo.

Siempre tuvo una imaginación abstracta de la que se valía para mantener su buen humor y salirse con la suya en nuestro pequeño hogar de libertades reocortadas para las chicas. Empezó a escribir sus historias muy pronto, y en realidad nunca dejó de hacerlo. Sin embarg así como su fantasía fue su escudo ante un mundo que no le quería hacer hueco, también vino con la contrapartida de que contribuyó a aislarla de todos los demás, obviamente eso tuvo mucho que ver con su depresión.

Se casó muy jóven y se divorció cuando ya era madre de dos niños. Siguió trabajando y afrontando su vida gracias a su imaginación. Luego le encontró a él, que era casi ocho años más jóven que ella. Yo creo que se enamoró simplemente porque tenía ganas de vivir una nueva fantasía. El embarazo fue fácil, por lo poco que sé, apenas hablábamos. Esta vez fue una niña y un nuevo padre que encontró muiy cómodo el papel que nuestra sociedad le da a los padres. Pero una buena parte de mi hermana se quedó en el paritorio. Me dijo que sentía que su nombre se había quedado enganchado en la puerta del paritorio, debí haber entendido que estaba sufriendo una terrible depresión post parto. Mi hermana se suicidó a los dos meses de dar a luz. Tenía 34 años. Qué le había ocurrido?

martes, 27 de septiembre de 2016

Diario de un escarabajo

Sí, cambio el nombre del blog a diario de un escarabajo.

Un día me desperté y pensé que había vivido toda mi vida con miedo. Miedo a que me conozcan. Miedo a dejar de ser el centro de la atención. Miedo a no ser yo quien impusiera mi criterio.

Un día me desperté y recordé el relato de Kafka. Me vi reflejado. Mi hija me llamó bicho, y mi hija suele llevar la razón. Soy esa clase particular de bicho, un escarabajo, superando mi miedo a dejarme conocer y a dar. Aquí estoy.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Los visibles

Tal vez fuera porque ese día no se sentía con las energías de siempre, a pesar de lo mucho que le entusiasmaba ese nuevo proyecto. El caso es que cuando ocurrió Steven lo aceptó con naturalidad y supo lo que tenía que hacer.
Estaba discutiendo con los gionistas la inclusión de dos escenas en las que se definirían más precisamente los objetivos del personaje, y les tuvo que recordar en varias ocasiones la importancia de la butaca de cretona que desde el ángulo adecuado se convirtiría en el eje de la narración.
Los guionistas son una molestia inevitable en cualquier producción, siempre con sus objetivos y su forma de hablar tan curiossa, como si vivieran en su propio guión. Recordaba como uno de ellos, que era invisible, le discutía cada una de sus ideas hasta el mínimo detalle. En un día normal esta obstinación le hubiera provocado un ligero ataque de ira, pero en ese día sólo sintió un infinito cansancio, un hormigueo en las piernas y una sensación tibia en la ingle. Entonces lo supo. Se apañó el resto de la reunión con un invento rápido a base de papel higiénico y salió media hora antes del fin previsto de la reunión. Condujo rápidamente hasta el hiper, no cualquiera sino ese que estaba en la nueva salida de la autopista. No podía entender cómo lo supo, pero era así y era allí donde tenía que ir.

Se dirigió con paso decidido a la sección de productos de higiene corporal, y sólo cuando llegó al pasillo tuvo un momento de estupor, tantos productos que jamás se había molestado en comprobar que existían. Estaba allí, pálido, mirando mareado las pilas de paquetes envueltos en plástico multicolor, y las cajas de cartón rosa y violeta, sin entender nada, cuando alguien le tocó el hombro. Era el encargado de sección y era un invisible que le sonreía amablemente.
- Ah, es su primera vez por lo que puedo ver.
- Esto yo...me ha venido...es decir, yo, tengo la...o sea que tengo que comprar un...una, o sea que yo...
- Oh, no se apure. Así que le ha venido la menstruación, querido.
El tono de normalidad le tranquilizó.
- Según parece, bueno, sí, lo he comprobado. Y ahora tengo que comprar algo para esto.
- Por supuesto, por supuesto. Pero los tampones no son reconmendables para ustedes, querido.
- ¿Eh?
- No se preocupe, irá aprendiendo sobre la marcha. Le recomiendo estas compresas, están especialmente adaptadas para hombres. James cóbrale al señor e indícale donde puede ir a cambiarse.

En cuanto Steven se marchó, azorado con su paquete de compresas, la encargada sacó el móvil y activó el primer contacto rápido que tenía guardado.
- Eficiencia, ha ocurrido algo especial.
- Calma, aquí ocurren cosas especiales a cada momento, tú ya sabes manejar esta situación, ¿por qué me llamas?
- No lo entiendes, Eficiencia. Es él.
Eficiencia sintió ese nerviosismo que experimenta cualquier angloparlante cuando le dicen que no entienden algo, porque saben que significa que no se lo han explicado.
- Él, ¿quién?
- Steven, es Steven...
- No me digas que es Steven...
- Sí, eso te estoy diciendo. Esto está empezando a afectar a cualquiera.
- Está bien, mantengamos la calma, Calma. Iré a hablar con él, me haré cargo de la situación.
- Por algo eres Eficiencia, querida.

Steven salió del aseo sintiendo una enorme incomodidad entre las piernas. Se sentía terriblemente cansado y deprimido, y el bulto en sus calzoncillos le hacía caminar de forma dificultosa. Vio a una mujer vestida como de los años cincuenta que venía hacia él con una enorme sonrisa afable, y por alguna razón que no tenía fuerzas para buscar, lo encontró perfectamente lógico.
- Steven, querido, debes estar agotado.
- ¿Eh?.
- No te preocupes. Me llamo Eficiencia. Te acompañaré, esto que estás viviendo es natural pero no por ello deja de ser molesto y agotador, ¿verdad?. Creo que será mejor que te lleve a tu casa, James se encargará de acercar tu coche más tarde, no temas, todos los coches están registrados por las cámaras y vigilados constantemente, y James no podría robarlo aunque quisiera, pero aún así es un gran empleado que sólo quiere ayudar, ¿verdad?. Por aquí, querido, sótano tres, ahí tengo mi coche, yo te acercaré como te dije, ¿verdad?. Ay, si estuvieras casado aún tendrías una mujer esperando en casa con la que podrías compartir este momento, pero la vida es lo que es ¿verdad?.
El cansancio y el aturdimiento podían con sus ganas de entender lo que ocurría, y Steven se dejaba hacer por esa mujer que le envolvía en palabras y que parecía manejar tan bien la situación.
Se subió en su coche y tuvo la sensación de que la conocía de toda la vida. Ella era esa profesora de tercero que le había enseñado a leer en voz alta; la tía Rose que siempre le recibía con una tarta de manzana lista; su secretaria que tenía dispuesta la correspondencia y la tabla de reuniones en el momento en el que él aparecía por la oficina. Ella no era una desconocida, era Eficiencia.


In DreamWorks Pictures/Fox 2000 Pictures' BRIDGE OF SPIES, directed by Steven Spielberg, Brooklyn lawyer James Donovan (Tom Hanks) and his wife Mary (Amy Ryan) become the target of anti-communist fears when Donovan agrees to defend a Soviet agent arrested in the U.S.
Foto de https://pop.inquirer.net/2015/10/tom-hanks-plays-lawyer-turned-negotiator-in-bridge-of-spies/




Eficiencia conducía con eficacia, sabía aprovechar el ritmo de la autopista pero no molestaba a su pasajero con acelerones o parones. Con la misma efectividad mantenía una conversación con Steven.
- Sí, es una pena que ya no estés casado, Steven. Hubiera sido mejor así.
- No sé a qué te refieres. Y ya sé que mi vida privada es conocida pero me parece una intromisión inaceptable que...
- Sí, por supuesto que llevas razón, pero no es mi intención ser indiscreta, tan sólo deseo tu bien, que es parte del bien de todos. Verás, hoy no es un día normal. Hoy te ha venido la menstruación.
- Esto es intolerable...
- Sólo lo menciono porque importa. Importa mucho Steven. Para vosotros las cosas son distintas, y en cierta manera mucho más injustas. Nosotras sabemos a qué atenernos, crecemos sabiendo cuál va a ser nuestro papel y tenemos nuestras pequeñas redes de apoyo. Bueno, les enseñamos a las niñas que deben relacionarse con chicos que prometan, que deberán mantener las relaciones toda la vida, tener ojo para saber qué hombre hará carrera...pero vosotros...creceis pensando que sois los protagonistas de vuestras historias, que lo conseguireis todo por vuestro trabajo y talento, y luego os pasa esto...os cambian las reglas en cualquier momento...es tan injusto.
- ¿De qué me estás hablando?.
- Te estoy hablado de la invisibilidad Steven. Vas a ser invisible, a partir de ahora, es un proceso rápido, para tus compañeros visibles ya estás desapareciendo.
- ¿Qué locura estás diciendo?. ¿Invisible?.
- Sí, es una locura exravagante, pero está ocurriendo, querido. De un tiempo a esta parte algunos hombres os estais haciendo invisbles, ¿quién iba a pensar que te podía ocurrir a ti?. Deberías casarte, lo antes posible. Esa novia tuya, Clemencia, es ideal. Es cierto que sólo tiene 23 años pero ha sido realmente lista, en su red de apoyo están Influencia y Fama. La necesitas, Steven, haz lo que tengas que hacer, pero cásate antes de que quiera olvidarse de ti. Los visibles ya te están olvidando.
- No sabes lo que dices...
- Desgraciadamente sé muy bien lo que estoy diciendo, pero no sé por qué está ocurriendo. Antes la única manera de hacerse invisible de un hombre era perder su carrera laboral, salía rápidamente del foco. Ahora, a muchos de vosotros os está viniendo la menstruación, ocurre así, y os haceis tan invisibles como nosotras. Vuestra única salida es casaros con una mujer que esté bien relacionada, que tenga en su círculo social a alguna esposa que os convenga, en tu caso las mujeres de los productores, de los distribuidores...Debes darte prisa, antes de que pierdas tu nombre.
- Definitivamente estás loca...
- ¿Recuerdas a Walter W?
- ¿Eh?
- Ahora es un invisible, era tu abogado de divorcios. Está casado con Sabiduría, ahora quizás te resulte más fácil identificarlo como Sarcasmo
- ¡Sarcasmo!, claro, mi abogado.
- Es un invisible ahora, amigo, como lo serás tú. Sólo recuerdas lo que hace para apoyarte, para todo lo demás no tiene cara ni identidad. Fue muy inteligente de casarse con Sabiduría antes de que el proceso terminarse, sigue trabajando en lo mismo, aunque ahora sea invisible.
- Pero no...si no estuviera tan agotado...me dan ganas de matarte, quieres confundirme...
- No, sólo quiero ayudarte, tú eres muy importante para todos nosotros. Lo eres para mi. Si tú desapareces lo hacemos todos. Cuando os viene la menstruación os volveis tan invisible como nosotras. Tan sólo te recordarán por los hombres a los que conoces y te dan tu apoyo. Tendrás que hacerte conocer por las relaciones que tengas. Todo lo que recordarán de ti será un nombre de categoría...Fuerza, Honestidad, Firmeza, Ironía, Esperanza, Terquedad, Traición, Ingenio, Irea, Agobio...tu verdadero nombre se olvidará. Los visibles sólo te verán por las relaciones que tengas, por eso nosotras las cultivamos desde pequeñas, es importante ser una gran madre y esposa.
- Olvidarme...a mi. ¡No sabes quién soy!
- Claro que sí, eres el dichoso Steven Spielberg y estás en una película tuya. Ahora vas a tener que jugar según las reglas que tú mismo elegiste. Lo siento.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Empresario. Segunda parte

Necesitaba sentir que podía ganar. La belleza me daba gozo y la buscaba en tantos viajes de fin de semana, pero era la victoria lo que me daba fuerzas cada día. Como un niño insastifecho, que quiere revivir contínuamente un momento de éxtasis, yo me alimentaba de sentir que podía crear esa empresa, mantenerla y hacerla crecer.

Era la empresa lo que me hacía sentir que estaba vivo y que merecía la pena. Ese hormigueo que recorre la espalda, de abajo a arriba, cuando sientes que estás a punto de cerrar un trato ventajoso. La empresa se convirtió en mi cuerpo. Sentía sus éxitos y fracasos en cada célula del mío. Un presentimiento malo, el estómago. Un periodo de ventas bajo, los riñones. Una venta ventajosa, la cabeza en las nubes. Creía que la empresa era yo, y como tal la trataba. Y como tal trataba a mis empleados.

Sólo en las ocasiones en las que he sido consciente de esto, en las que he desligado mi persona de la empresa, he sentido vergüenza de decir empresario.

Pero habeis de creerme que han sido pocas.

Yo no sé lo que siento por ella. Ella no me sacó de mi cuerpo de empresario, fui yo el que lo hizo antes de conocerla. Pero lo que siento cuando estoy con ella es que estoy vivo. Por mi mismo.