lunes, 1 de mayo de 2017

El fanático de su honra, guardaos de este tipo de patán furibundo


En mis tratos con la gente he notado que hay algunos tipos de personalidad que pueden traer más problemas de los que su aparentan en una primera impresión, y verdaderamente estos, los que no lo aparentan, me preocupan más que los que se dejan entender rápidamente.





 
Uno de estos tipos es el fanático de su honra. En principio es una persona en la que creerás que puedes confiar, que se muestra con ademanes respetuosos y hasta de empatía, educado y sobrio en sus negocios, simpático y alegre en las comidas, atento y servicial cuando está con los suyos. La primera señal de alerta viene precisamente del trato con los suyos, verás demasiado orden y contención entre la gente que lo rodea, verás signos de una jerarquía aparentemente tranquila entre ellos en la  que la posición alfa la ocupa nuestro fanático, que se esforzará por explicaros lo que sus acompañantes piensan mientras estos se sitúan a cierta distancia, en silencio, y con la miradita baja. Estad muy atentos a la dinámica entre el sospechoso de fanatismo egotista y el resto, si uno de sus acompañantes hace una pregunta y nuestro amigo le mira como si quisiera aplastar una mosca...sí, habeis acertado, es un fanático.

El fanático tiene una idea marcada a fuego en su mente, él es el que importa, el que defiende y el que dice lo que tiene que hacer su entorno. La idea estará muy clara pero los argumentos lógicos que puedan sostenerla no, así que para el fanático él hace esto porque él tiene que hacerlo, porque está designado para hacerlo. En su grandeza, porque él es alguien grande y por encima de los demás, debe proteger a aquellos que forman parte de su grupo, y pensar por ellos, y no permitir bajo ningún concepto la menor discrepancia. Una persona que está dotada e incluso cargada, según su pensamiento autocomplaciente, con tan gran distinción debe acudir a rituales de representación de las tradiciones sociales, el fanático será muy religioso, muy tradicional y muy elogioso, pues él es quien decide qué merece elogio y es también su deber expresarlo en voz alta.


El fanático, mientras no se le lleve la contraria, es sociable, alegre, disfruta de vuestra compañía, hace grandes promesas, parece que es capaz de apostar toda su empresa por alguien en quien crea y parece la mejor de las compañías, a pesar de que su tendencia a la grandiosidad en todo, y su teatralidad histriónica puedan causar cierta suspicacia (fiaros de la sospecha, hareis mejor).

Expresará su admiración por la gente que forma parte de su equipo, por vuestros hijos, vuestro despacho y hasta por la caja de bombones del bar de la esquina. Os afirmará contínuamente que no hay nada como el honor y la palabra dada, que si todo el mundo fuera tan claro y tan de fiar como él, viviríamosen el jardín del Edén en un día de primavera.


Pero si cometeis el error de señalar inocentemente un supuesto fallo en su lógica, corregirle en algo, si algún miembro de su círculo se atreve a expresar un pensamiento propio vereis al patán furibundo.

Cuando agote los pocos argumentos que pueda expresar civilizadamente, acudirá a su honradez, su gran escudo defensivo. Cualquier cosa que les contradiga es un desprecio a su honor, no atenderá a razones, se transformará en un becerro furioso cuyo único objetivo existencial sea embestir al disidente una y otra vez hasta dejarlo hecho un triste montón de tejidos desgarrados y sangrantes. No importará el tiempo transcurrido desde el incidente, el fanático la guarda y la guarda durante mucho porque es un obseso. No importará la distancia física, el fanático empleará todas sus energías en desprestigiar al disidente y en los casos extremos de fanatismo a perseguirlo.

No importará la lógica, el fanático no tiene problemas en contradecirse, no entender de lo que esté hablando, decir bobadas o hacer el ridículo, todo lo que salga de su boca le sonará en sus oídos como palabra divina. No importan las formas, a la vez que se jactan de sus grandes modales atacan a sus opositores con modales de un traficante de hachis de esquina de barrio deprimido. No importará que sus acciones desdigan todo lo que asegura que él dice que es su elevado concepto de la honradez,seguirá dándose golpes de pecho y pensando que sólo hace lo que tiene que hacer, como he dicho antes él piensa que el honor es él, y por tanto todo el que no acate lo que diga ha atentado contra el honor, que es él.

Guardaos de estos, son peligrosos por lo engañosos que pueden ser antes de descubrirse. Y si ya habeis tropezado con uno...se os pegará como una mierda al zapato. El fanático sólo puede ser alegre y bueno si tiene a alguien a quien considerar malo y con el que pagar su furia.

Cuidado con ellos.

Mientras no les lleveis la contraria no parecerán peligrosos




El fanático de si mismo no tiene problemas en contradecirse

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